El reto legal de la tecnología: el coche autónomo

El reto legal de la tecnología: el coche autónomo

¿Qué pasa si un vuelo comprado a través de internet no se registra adecuadamente? ¿Y si un ‘smart contract’ acaba enfrentando a las dos entidades que lo firmaron? ¿Y si un coche autónomo tiene un accidente y nadie se pone de acuerdo en quién tiene la culpa? Las respuestas no son fáciles, pero nos dejan una cosa clara: en la era de las tecnologías disruptivas, los abogados especializados en estos sectores van a ser esenciales.

Una de estas especialistas es Blanca Escribano, socia responsable de Digital Law de EY, que ayuda a los clientes de la firma a adaptarse, desde el punto de vista jurídico, a los grandes cambios tecnológicos que se están produciendo. Pero ¿es de verdad la transformación digital una realidad ineludible? ¿Van a sobrevivir las empresas que no se digitalicen? ¿Qué sectores van a cambiar más en los próximos años? De todo esto, y mucho más, hemos hablado con ella.

PREGUNTA. Llevamos años hablando de transformación digital, de su carácter global y de que está afectando a todo tipo de empresas, incluso a las que nunca han trabajado con tecnología. ¿De verdad es algo que afecte a todos los sectores? ¿No estaremos exagerando?

RESPUESTA. No, no estamos exagerando. Los negocios se están transformando digitalmente hacia la llamada Industria 4.0 debido a tecnologías como el internet de las cosas, el Blockchain, la inteligencia artificial, la robótica o el ‘big data’, y eso atañe a cualquier empresa. Además, no solo es un asunto de transformación, sino que la aparición de estas tecnologías también hace que surjan nuevos modelos de negocio, incluso para empresas que ya tienen sus servicios muy bien asentados. Esto afecta a todos y genera nuevas formas de trabajar y nuevos retos jurídicos.

Antes, una empresa de Wall Street contrataba a 200 brókeres al año, ahora ficha a un bróker y todo lo demás lo analiza con algoritmos

Otro de los sectores de los que se habla poco y se van a ver afectados es el de la industria y el comercio internacional. ¿Por qué? Porque la impresión 3D ya está revolucionando la fabricación industrial y la construcción. Hay empresas que fabrican unos componentes en un país, los mandan a otro para seguir la cadena de montaje, los vuelven a enviar para que se vendan… Pero con la impresión 3D, ya no necesitan moverse tanto: bastará con que manden por internet el archivo con la plantilla y que lo impriman directamente en el lugar de destino. Es un ámbito en el que no estamos viendo todavía un cambio tan rápido como en el financiero, por ejemplo, pero es una revolución.

Sin duda, uno de los más activos es el sector de la salud y farmacéutico. Las empresas farmacéuticas pueden instalar sensores en los medicamentos, monitorizar el uso que hace cada paciente de la medicación, si se la toma, si no se la toma… Todos esos datos que puede recopilar son muy valiosos, y no solo van a afectar positivamente a los pacientes —que pueden beneficiarse de una asistencia personalizada y mucho más efectiva— sino que también están transformando la forma de hacer negocios en ese sector, donde se habla de ‘pharma as service’.

P. ¿Y si una empresa decide no involucrarse en esta transformación porque piensa que no lo necesita?

R. Cada empresa puede decidir lo que va a hacer, pero corre riesgo de desaparición. Las tecnologías disruptivas y la transformación digital van a ser muy agresivas con las empresas que no se adapten, así que las que no se transformen estarán condenadas a desaparecer. O te adaptas al entorno o te quedas atrás; no se puede obviar lo que está ocurriendo.

P. ¿Pero esta transformación se verá de inmediato? Llevamos años avisando de la llegada de tecnologías disruptivas que igual no acaban de consolidarse…

R. Es que siempre hay un plazo de adaptación desde que las tecnologías están disponibles hasta que se produce el cambio total. La mayoría de estas tecnologías ya están disponibles, pero ahora estamos en un proceso de escala y de abaratamiento. El ‘software’ del coche autónomo, por ejemplo, ya está prácticamente listo, pero tardará unos años en implantarse del todo. Aunque esto no significa que las empresas puedan esperar. Lo que tienen que hacer es comenzar ya ese proceso de transformación para posicionarse; de este modo, cuando estas tecnologías se implanten, las empresas ya estarán listas.

Las empresas que no se digitalicen están condenadas a desaparecer

Te pongo otro ejemplo. Imagínate que un coche conectado tiene un accidente y el fabricante del coche dice que no ha sido ningún defecto suyo, sino que la culpa es de la aplicación, pero la empresa que ha hecho esa aplicación dice que tampoco es culpa de su ‘software’. Ahí está parte del trabajo que hacemos: el asesoramiento en prevenir contractualmente los posibles riesgos y proteger a nuestros clientes en la nueva cadena de valor que se va sofisticando, así como en las disputas o arbitrajes de clientes que incorporan tecnologías disruptivas y que se van a tener que enfrentar a riesgos que hasta hace poco no existían.

P. Nos cuenta que el surgimiento de estas tecnologías disruptivas genera muchos desafíos legales, pero ¿y los despachos de abogados? ¿Ellos no se ven afectados por estas tecnologías?

R. Por supuesto. Como en todos los sectores, en el legal también hay una serie de tareas que son repetitivas o en las que una persona no aporta tanto valor como podría, así que el llamado legalTech recurre a tecnologías como la inteligencia artificial para automatizar estas tareas. El reto, en este caso, es que los abogados, en vez de hacer este tipo de tareas, se dediquen a labores que requieren más experiencia, un valor añadido o un asesoramiento nuevo y a medida.

En esta línea, EY cerró el pasado mes de septiembre la adquisición de Riverview Law, una firma especializada en innovación tecnológica y de procesos que aplica la inteligencia artificial y el análisis masivo de datos en servicios jurídicos.

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